El sueño extraviado

 

Me ha despertado un sueño que ahora no consigo recordar.

  Me visto despacio intentando reconstruir ese  sueño, en tanto que en la ventana comienza a dibujarse otra  mañana de invierno.

  Saboreo  el primer café del día,  intento de nuevo  acordarme de lo que he soñado, pero el humo que nace de la taza y desaparece por el techo de la cocina no me inspira el recuerdo de ningún sueño  extraviado.

  Una ducha caliente me ayudará  a poner en orden mis ideas, y entre ellas seguro que atraparé a ese sueño que se me resiste.

  Mientras el agua hirviendo quema mi cuerpo recuerdo la reunión que me espera en la oficina a primera hora, vamos a contratar a un auxiliar de autopsias, éste es ya el tercer intento,   los dos anteriores salieron despavoridos cuando se  enfrentaron cara a cara con la muerte.

 Otros  temas pendientes de la oficina y alguna gestión bancaria es lo único que recuerdo en   la ducha, pero ni rastro del sueño.

 En el autobús mi sueño olvidado es ya una obsesión, algunos rostros somnolientos creo que me miran demasiado, se me debe de notar en la cara que busco algo que no encuentro.

 La mañana en la oficina transcurre según lo previsto, el auxiliar de autopsias por fin acepta el puesto, y el resto de asuntos se resuelven según la cotidianidad burocrática establecida.

 Pero no dejo de pensar en el sueño que no recuerdo, sigue  merodeando   en mi cabeza escondido entre  mis otros pensamientos de aquella mañana.

   Al salir del trabajo  llueve y aunque no tengo paraguas decido caminar bajo la lluvia, sigo pensando en mi sueño  cuando me encuentro con Paula, una amiga que había conocido meses atrás en la biblioteca y que decía ser escritora.

  Me invita a su paraguas y aunque sólo veo sus ojos, lleva un enorme gorro de lana y una enorme bufanda blanca, advierto que sonríe.

  Y entonces sucede, lo veo todo claramente,  el sueño huidizo que llevo buscando todo el día es Paula y  ahora recuerdo con total nitidez que he estado con ella toda la noche.

  Ahora está delante de mí  y sólo veo sus ojos, pero no necesito nada más, ya  conozco todas las partes de su cuerpo.

   Nos despedimos bajo la lluvia, camino de casa ya no pienso en el sueño, ahora es Paula la que no se me va  de la cabeza.

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24 thoughts on “El sueño extraviado

  1. Dicen que cuando sueñas y por más que lo intentas, no logras rescatar ese sueño, es porque ha cumplido su función la noche, el descanso.
    Es bonito conocer a ese ser especial en sueños y lo que provoca recordar cuando le tienes presente, ver sus ojos, pero saberle todo.

    Gracias, Pedro por lo maravilloso de tu sueño
    Un beso



  2. Wowww! Qué sueño, Pedro! Y la historia en torno a él. Me ha dejado con tan buen sabor de boca que espero ese encuentro sea un nuevo sueño hecho realidad.

    Un beso muy grande.



  3. Genial, un perfil un tanto obsesivo que logra su cometido, recordar el sueño que es realidad, y que se ha vivido a pleno.
    Un abrazo.




  4. Que final mas bello…el sueño ya no es tan importante porque lo materializaste….
    Aparte de esa parte romántica, si que te entiendo esa sensación de saber que algo del sueño ha sido importante y se te aparece en ráfagas de micro segundos sin que te den oportunidad de ver la imagen…y te persigue durante todo el día dejando una sensación angustiante..
    Muy buen rato me haces pasar con tus relatos…saludos..


  5. Que texto tan bonito, un sueño escurridizo que no se deja recordar hasta tener a la protagonista delante… ella despierta en él sensaciones, despierto y dormido…
    He podido sentir casi, casi el cabreo del prota por no poder recordar nada en todo el día y el escalofrío en su columna al verla y recordar de golpe todo…
    Ha sido genial leerte…
    Besines…


  6. Qué envidia Pedro! Llevo soñando con que me pase eso toda mi vida y no hay manera…Es una historia muy bien contada y con un final que no te esperas. Me ha gustado mucho.
    Un beso



  7. Nos has conducido a través de tus letras por el sendero de un sueño no recordado por el que creo que casi todos hemos caminado alguna vez. Lo que ya resulta más improbable es que aquello con lo que hemos soñado se nos haga corporeo y real.
    Un fuerte abrazo.


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