Este jueves un relato- Al otro lado de la verja ( pagarás cara tu travesura)

La vieja Úrsula vive en un caserón de las afueras del pueblo, es una anciana menuda, delgada, que siempre está hablando consigo misma y con las plantas de su jardín, viste de negro y tiene una mirada tenebrosa que asusta a los niños que pasan por allí camino del colegio, que se encuentra al final de la calle.

Yo soy su gato, un enorme gato negro de raza silvestre,  me gusta deslizarme en silencio como una sombra por las habitaciones y echarme hecho un ovillo junto a la verja de la entrada.

Aquella mañana oí un ruido extraño al otro lado de la valla que rodea a la casa, alguien gritó  – vieja bruja -me incorporé lentamente, cuando una piedra  chocó contra mis costillas, maullé de dolor y escuché unos pasos que corrían calle abajo, la campana del colegio ahogó momentáneamente mis maullidos , en un momento  el joven que lanzó el proyectil se giró y pude clavar mis ojos felinos en su mirada. Desde una ventana de la casa la vieja Úrsula gritó – desvergonzado mocoso, haré que te corten la lengua –

Lo esperé a la salida de la escuela, luego lo  seguí en  silencio de calle en calle, el joven advirtió mi presencia y apresuró el  paso, comenzó a correr, en una esquina me lanzó una piedra que esquivé con un salto de costado, cada vez corría más,   pero
no me podía despistar, yo siempre estaba allí , detrás de él, como una mancha oscura,  sudoroso y aterrado por fin llegó a su casa que cerró de un portazo. Me senté en la puerta y todo quedó en silencio, luego vi que alguien se movía por una de las ventanas más altas de la casa. Fue fácil  gatear por el canalón.

El joven estaba acostado, al principio  me confundió con una sombra, luego se dio cuenta de que las sombras no tienen zarpas que arañen el suelo al avanzar, no saltan de repente para quedarse colgadas de los barrotes de la cama, no miran con ojos infernales… entonces abrió la boca para gritar y  volé por la habitación en dirección a su rostro , mi cabeza se introdujo en su boca completamente abierta por el espanto.

La madre escuchó el ruido y subió a la habitación, el joven permanecía con la boca abierta de la que  salía  sólo un sonido gutural, pero ninguna palabra, nunca más surgirían palabras de ella.

Agazapado en la ventana, pude escuchar a la madre decir: – ¿qué te pasa, se te ha comido la lengua el gato?

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EL-GATO-NEGRO4


La otra casa

 

La casa que habité durante tres años está al final de la calle, su fachada parece el rostro deforme de una persona triste y cuando paso por su lado me siento observado por sus ojos oscuros de ventana.

Recuerdo el primer día en aquella casa cuando un viento huracanado entró como un mal presagio por la ventana abierta, la mañana se  oscureció y en el cielo  unos extraños pájaros volaron desorientados  y acabaron estrellándose contra la pared  cayendo con estrépito y  llenando la calle de sangre.

Es una casa antigua pero espaciosa con numerosas habitaciones que encierran en su interior un profundo silencio, en algunos de aquellos cuartos pasaba días enteros sin salir, recordando historias viejas de otro tiempo y sueños del pasado.

   Otros días los pasaba deambulando como un fantasma por sus oscuros salones, el comedor, la biblioteca, los dormitorios, mirando el paso del tiempo en los espejos que  iba encontrando.

Pero lo más inquietante de la casa eran los ruidos que algunas noches oía desde mi habitación, una agónica respiración y trémulos pasos, como si alguien sollozara en alguno de sus rincones, entonces cerraba con llave mi cuarto y me tendía en la cama buscando en la oscuridad algunas  manos protectoras. Luego me dormía y volvían los ruidos  en forma de pasos y crujir de huesos y soñaba con gente  que  había muerto en la casa que me decían que no sabían volver al cementerio, con pájaros oscuros que anidaban en la cocina y con seres extraños perdidos  por las habitaciones.

Hace mucho tiempo que permanece abandonada y  me la imagino silenciosa, cubierta de polvo y tomada por las cucarachas.

Ahora al cabo de los años he vuelvo a pasar cerca de la otra casa, pero dejaré de hacerlo porque que me asusta mi fantasma  asomado a la ventana.

CARAS 349 treinta                                       Más historias en la casa de Charo http://charocort.blogspot.com.es/