Solo el tiempo


La luna tiembla de frío
como una rosa blanca, 
el silencio es tan inmenso 
que puedo escuchar
el rugido del mar
al otro lado del mundo,
en el espejo veo
lo que el tiempo
ha hecho conmigo,
la vida continúa,
implacable,
como ese tren
que atraviesa la noche
y se pierde entre las luces
del amanecer.
Pronto volverá
otra vez el tiempo,
pero antes quédate,
aún me queda mucho
que contarte.


Este jueves un relato – Mujer de barro


La vi por primera vez entre la neblina de una mañana gris de noviembre.

Era la figura de una mujer desnuda, abrazada al tronco de uno de los árboles del jardín de la casa.

No era un ser real, pues su cuerpo era de tierra y sus cabellos de cristal se enredaban en los primeros rayos de sol.

Pero su mirada era cierta y tenía una belleza que nunca antes había visto.

Desde aquel día toda la casa quedó humedecida por el olor que emanaba de aquel extraño árbol con forma de mujer. 

Lo regaba de noche, cuando la oscuridad se había apoderado del jardín, ya que no soportaba la mirada de aquella hermosa efigie. 

Una mañana la descubrí empapada de lluvia y de sus ojos de barro brotaban lágrimas que al caer al suelo se convertían en pequeñas flores silvestres. 

Me aproximé a ella para cubrirla del frío del amanecer, besé el dibujo de su rostro en el árbol y me abracé a su cuerpo de arena. 

Entonces movió sus labios para decirme algo ininteligible y quedé hechizado de su mirada seductora y lujuriosa.

Se había desprendido del árbol tomando vida propia, aferrándose a mí con sus fuertes manos de árbol, entonces descubrí que ya no tenía ninguna posibilidad de separarme de ella.

Desde entonces vivo recluido para siempre en esta casa, abrazado a una mujer de barro que no deja de mirarme.

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