El retrato

Se había resguardado en aquella casa de un aguacero que le sorprendió lejos de la ciudad. La puerta semiderruida estaba entreabierta y sólo le bastó un pequeño empujón para acceder a su interior. Todo estaba a oscuras, solo una frágil claridad penetraba por la puerta que había dejado abierta, pero en unos instantes la luz se desvaneció con la llegada de la noche, entonces rebuscó su linterna en la mochila que siempre llevaba en sus excursiones de senderismo.
Proyectó el haz de luz sobre una amplia estancia sin muebles, solo había un antiguo sillón en un rincón y un retrato de alguien en la pared del fondo.
La lluvia y el viento estremecían los cimientos de la casa mientras se acercó al retrato de la pared: era el rostro de un monstruo, una cara cubierta de heridas y cicatrices, como si estuviera hecha de pedazos de otras caras , tenía unos ojos tristes y entornados que provacaban más ternura que miedo , arrojó el rayo de luz sobre el cuadro y por un momento descubrió detrás de aquella extraña mirada un semblante que le era familiar.
Con un enorme estruendo la tormenta penetró por una de las destartaladas ventanas, iluminando la cara del monstruo, y por una fracción de segundo creyó ver que sus ojos parpadeaban y un ligero movimiento en sus labios que musitaron algo imperceptible.
La linterna se le cayó de las manos y un grito de terror surgió de su boca al tiempo que la habitación volvió a sumergirse en la más profunda oscuridad.
Quedó paralizado sin atreverse a mirar el cuadro, se arrastró por el suelo hasta alcanzar el sillón del rincón y vencido por el cansancio y el terror se entregó a un sueño profundo.
Había parado de llover y la luz del amanecer le despertó. Se incorporó desconcertado buscando el retrato del monstruo en la pared, pero solo encontró en su lugar un viejo espejo que le devolvió un rostro somnoliento , desgreñado y cansado.descarga (1)


No se quiso quedar

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El verano se fue otra vez,
no se quiso esperar,
recogió sus días azules,
sus noches de luna
y se fue con el viento.
Las calles se llenarán
de recuerdos viejos,
como cada otoño,
de risas de niños
pisando hojas caídas,
de lápices nuevos,
de libretas vacías,
de azúcar y pan
en tardes sin luz.
El verano marchó de repente,
no se quiso quedar.