Salima

Dibujo

Aquella mujer  era mi vecina desde hacía más de un año y solo había cruzado con ella unos tímidos buenos días o buenas noches. Alguien me contó con cierta burla que era una persona extraña porque  hacía cosas sorprendentes, como subir todos los días a la azotea  para ver amanecer.  A mí, sin embargo, me parecía una mujer fascinante, especial, independiente,con esa magia que suele tener la gente diferente. Un día la vi caminando bajo la lluvia, iba empapada y le ofrecí cubrirse con mi paraguas. Fuimos juntos hasta el portal y le pregunté por qué todas las mañanas veía la salida del sol desde la terraza del edificio. Levantó sus ojos llenos de lluvia, y me contestó casi en un susurro.

Se fue un día en silencio, sin despedirse de nadie, desde entonces la recuerdo todas las mañanas  cuando subo a la azotea a coleccionar, como ella, amaneceres.


Lo imposible

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Perdona por no confiar en ti,
por cerrarte la puerta 
y recluirte siempre
en el mundo de los sueños.
Por ser esa historia
que nadie se cree,
esas las luces sin ciudad,
la lluvia que no moja mi ropa,
el viento quieto del invierno,
todas esas cosas
que no pueden ser.
Pero te vuelvo a creer ,
cuando miro esos ojos
que me hablan,
cuando veo un principio
y un final,
una luna dibujada en la pared.
Ahora sí creo que eres posible.


Cada día

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Me sentaba en los acantilados donde el mar se rompe en pedazos y le escribía lo que me dictaba el horizonte, mientras el sol se ocultaba.
Cuando anochecía regresaba a la soledad del apartamento, esperando anhelante el próximo atardecer.
Así cumplía mi promesa de regalarle una carta de amor, CADA DÍA.