Carmen


Hacía tiempo 
que no la veía,
la recuerdo
con esa sonrisa 
que ni los desgarros
de la vida
le pudieron arrebatar.
Cuando me han avisado
que se ha ido
con este día lluvioso 
de primavera,
he sentido un alud
de tristeza y derrota.
Solo deseo
que encuentre
allá arriba,
todo lo que anda buscando.


El amuleto – Cuento de terror

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I
Había encontrado la cabeza del muñeco en uno de sus paseos al atardecer, era un muñeco con una cara antigua cubierta de barro que estaba tirado al borde de la carretera, lo recogió para depositarlo en el contenedor de basura, pero por algo extraño, quizá su mirada profunda, decidió llevarlo a casa. Lo limpió, le pintó el pelo de un color negro intenso y lo adoptó como amuleto.

II
Aquella noche se despertó sobresaltado creyendo escuchar un ruido extraño, como unos murmullos incomprensibles que salían del interior de la habitación. Encendió la luz y observó a su alrededor, su ropa desordenada en una silla, varios libros sobre la cama, el ordenador encendido, papeles revueltos en la mesita, todo estaba en orden y en silencio. Se dispuso a apagar la luz, cuando reparó en la cabeza del muñeco situado en un extremo de la mesa del ordenador, parecía haberse girado y desde esa situación lo miraba fijamente con sus ojos profundos y negros. Sintió cierta inquietud , apagó por fin la luz, se dio la vuelta evitando la mirada del muñeco en la oscuridad e intentó dormir, sabiendo que no lo conseguiría con facilidad.

III 
Durante el día contempló la cabeza del muñeco varias veces con emociones distintas , y la más fuerte fue el deseo de deshacerse de ella , sin embargo decidió esperar la llegada de la noche. Se echó en la cama, el reloj dio las once, las once y media y antes de las doce ya estaba profundamente dormido. Los ruidos extraños comenzaron otra vez, parecían lamentos, palabras desunidas, sonidos guturales, sollozos de dolor, se despertó y escuchó en unos segundos interminables esos sonidos terribles que nacían de algún lugar de aquella habitación, estaba tan aterrado que no fue capaz de alargar la mano para tocar el interruptor de la luz. Con el pequeño resplandor que emitía el ordenador encendido pudo comprobar que la cabeza del muñeco no estaba en su lugar , entonces tuvo la sensación de que alguien lo miraba en la oscuridad y creyó ver una sombra sin cabeza, pero al parpadear, la sombra desapareció.
Los sonidos inhumanos continuaban , se dispuso a levantarse de la cama pero no le dio tiempo, de la oscuridad algo se abalanzó sobre él, una pequeña cabeza con ojos infernales y con unos dientes afilados.

IV
Al día siguiente parecía profundamente dormido, solo una pequeña herida en su cuello, como una mordedura, de la que emanaba un hilo de sangre, le delataba.
Ya no dormiría más, ni tendría problemas para hacerlo, porque se había quedado dormido para siempre.