La tristeza

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Se enamoró de mí
un lejano día de octubre,
esperaba a la puerta de casa
y no me dejaba en paz 
en todo el día,
caminaba junto a mí
con esa paz extraña
de enamorada,
fue mi sombra
por calles abandonadas,
se metía en mi cama
en noches de soledad,
vimos juntos amaneceres
y tardes de lluvia,
viajó dentro de mí,
clavándome sus manos 
en la piel.
Un día la dejé, sin llantos,
sin adiós , sin porqué, 
ya le advertí, 
que lo nuestro 
no tenía futuro.

 

Pedropa


Este jueves – Caín

– Átale , demoníaco Caín, o me delata – gritó el hombre vestido de blanco desesperado, sabiendo que la huida del joven alteraba el guión previsto.

No entendía como Caín no había  cumplido sus órdenes,  sucumbiendo  a las vulgares emociones que a veces turban a los humanos.

Caín el joven con  los ojos inyectados de sangre y  una enorme mancha negra en la frente, como  señal condenatoria,  se había rebelado contra la macabra misión encomendada por el hombre de barba oscura y túnica blanca.

 El telón descendió  ocultando el atrezzo de una historia que ya era diferente, al tiempo que los espectadores se sintieron  solos y perdidos en sus butacas.

palindromo

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Pequeño poema de amor

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Hoy no tengo nada que cantar,
nada de qué hablar,
nada que escribir,
el mundo se derrumba ahí fuera
y yo aquí sin nada que decir,
la tele sigue lanzando bombas,
inundando ciudades,
propagando epidemias,
y a mí no se me ocurre nada.
Debiera escribir 
de la gente que duerme en los portales,
de los árboles que nunca ven el bosque,
de los río que se perdieron
antes de llegar al mar,
pero me distraigo 
pensando en tus ojos, en tus manos,
en las sombras de tu cuerpo,
y se me pasa el tiempo,
escribiendo simplemente,
pequeños poemas de amor.


Este jueves – A través de la ventana

NOCHEAquella noche esperaba que no sucediera nada especial, como la mayoría de las noches de su vida.  La casa estaba vacía,  a veces creía escuchar ruidos de alguien a su espalda, aunque sabía que solo era su imaginación y  sus enormes deseos de compañía.  La tele del cuarto saludaba en voz baja el inminente regreso de la primavera. Abrió la ventana con el ingenuo afán de respirar los primeros aromas de la nueva estación, pero solo escuchó los susurros de la ciudad.  Acercó el sillón de mimbre a la ventana , se abrió la tercera cerveza y se acomodó dispuesto a terminar su último libro.  El protagonista de la historia que tenía en sus manos había iniciado un largo viaje , intentando reparar el hastío de su vida. Cuando comenzó a llover en su novela apartó la vista del libro y miró por la ventana, justo cuando se encendían las primeras luces de la ciudad.

Las ventanas del edificio de enfrente también comenzaron a iluminarse  obedeciendo a un orden caprichoso y aleatorio. En una de ellas  vio  que alguien  se movía detrás de  las cortinas. Cerró el libro  dejando a su protagonista viajando por Lisboa y se abrió la quinta cerveza. La persona que había en la ventana descorrió las cortinas y lo que  solo era una silueta difusa e imprecisa acabó convirtiéndose en la imagen real de una hermosa mujer casi desnuda.

Se  quedó mirándola  deseando  algo que no sabría explicar. La mujer se paseaba por la habitación  con movimientos sensuales, como observándose en un espejo . Luego se desnudó delante de la ventana. Ambos se miraron , como buscando lo que había detrás de  aquellos cristales  que los separaban.

Bajo el cielo oscuro de marzo, los dos sabían positivamente que nada iba a ocurrir.


Sois

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Sois la luz cuando la noche se adentra en mi vida,
con vuestros ojos recobro la sonrisa de mi boca,
me rescatáis de las sombras cuando resucito de los sueños, 
me salváis si naufrago en este mundo enfurecido,
me curáis los destrozos del amor ,las heridas de las manos.
Cuando las sombras me hablan y la tristeza me gana la partida 
os busco por el pasillo de la casa y la vida vuelve a su sitio.
Los hijos, la hija, quitándome de un manotazo todo el dolor del mundo.
Sois el llanto y la risa detenidos para siempre en un tiempo de color.
Sois la piel que respira, las palabras de la noche, el silencio de los libros.
Los juegos de las tardes de verano, la nieve pintada en la ventana.
La alegría que enciende los días, el miedo de las noches en vela. 
Sois los hijos, la hija y yo, 
y el mar infinito.



Una noche fácil

Terminada la reunión de negocios no tenía nada que hacer en toda la tarde, así que me puse a caminar por la gran ciudad esperando que no sucediera nada, ya que la vida se compone de ilusiones que nunca se convierten en realidad.
Me sentí un solitario por aquellas callejuelas del casco histórico, y al cabo de un rato decidí poner rumbo hacia el hotel.
En una plaza tranquila, noté que no estaba solo, la silueta de una persona se aproximaba por el mismo camino al que me dirigía. Al acercarme vi que era una mujer, vestía de forma elegante y aunque llevaba su cara medio tapada, era imposible pensar que no fuera hermosa.
Clavé la vista en su rostro y con sorpresa observé que sonreía. Nos detuvimos uno al lado del otro, y quedé sorprendido cuando me dijo, – mi casa está aquí mismo.
En el camino me contó que aunque todo pareciera extraño, la única verdad es que se sentía sola, yo sólo pensaba en la posibilidad de un encuentro perfecto.
En la casa, después de una copa, me cogió del brazo y sin decir una palabra me condujo a su habitación. 
Ya en su cuarto, pensé inquieto que todo era demasiado fácil, tan fácil como alargar la mano y apagar el interruptor de la luz.
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