Creo

10389002_877080002355897_5531448577322951900_nCreo en el silencio de la noche, en la magia increíble de un atardecer , en el viento veloz que cruza la mañana. Creo en el misterio de una mirada, en el dolor que cabe en un recuerdo, en las palabras que se convierten en historias. Creo en ese niño sin bufanda ni zapatos que sonríe con tristeza, en la mujer que nunca pudo volar, en los hombres que murieron aferrados a sus ideas, creo además que soy culpable con mi silencio.
Creo en ti ,que coges mi mano cuando me pierdo, en mis perros que saben siempre lo que me pasa y lo que no me pasa, en los besos que di y en los que no di, creo en la vida que pende de un hilo, en la vida que queda después de un adiós.
Creo , a pesar de todo, creo.


La otra casa

La otra casa
está al final de la calle,
me mira con ojos oscuros
como una persona triste
y abandonada,
la imagino silenciosa,
cubierta de polvo
y tomada por las cucarachas,
me veo deambulando
por sus viejos salones
entre historias de otro tiempo,
sueños del pasado
y restos del naufragio.
En las noches
de soledad infinita,
escuchaba aterrado
el lamento de sus rincones.
Ha pasado el tiempo,
he vuelto a ver la otra casa,
pero dejaré de hacerlo,
porque me asusta mi fantasma
asomado a la ventana.CARAS 349 treinta


Tren nocturno

Recorro la noche
a bordo de un tren nocturno,
cruzando estaciones oscuras
y ciudades sin nombre.
La ventanilla me devuelve
el reflejo de un rostro
que no conozco.
El tren avanza veloz,
como la vida,
devorando vías infinitas.
Veo gente subiendo y bajando,
entrando y saliendo,
con destino a un tiempo
que ya ha pasado.
Me despierta el amanecer,
siento el calor
del primer destello de sol,
entonces cierro el libro
caído sobre la cama.

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En la noche
el mundo es distinto,
parece que se le para
la cuerda,
la vida contiene
la respiración
esperando un no se que,
una fina neblina
cubre el sueño
de la gente,
un gato negro
perdido en las sombras
no sabe dónde ir,
una florecilla de la noche
tiembla de frío,
la beso con mis manos
y le acerco mi calor.
Al fin sale el sol,
el mundo se despierta
y me sorprende
la extraña certeza
de que todo está
por llegar.



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Mi profundo agradecimiento a Educa.net por el premio recibido, sin duda, un importante incentivo para continuar en el intento de mejorar éste mi rincón favorito Al Final de la Noche.

Infinitas gracias


En el Museo Provincial de Jaén, descubre a Margaret Keane (nacida en 1927)
“Su marido, Walter Keane no sabía pintar pero se publicitaba como el pintor de los cuadros. Margaret vivía encerrada como una prisionera y sus pinturas eran cada vez más tristes reflejando sus emociones”10615972_325769264300648_6772406851847884450_n


Hay días

dias tristesHay días
que no te ves en los espejos,
que traspasas las paredes sin tocarlas,
que caminas apenas sin aliento.
Hoy es de esos días
que no te hace gracia ni la lluvia
que al primer lametón
la pagas con tu perro,
hoy es de esos días,
que el café te sabe a frío,
que no encuentras el libro
que buscabas,
que el ordenador se ha colgado,
que no te gustan las pelis del cine,
en fin, mejor una vuelta
por la calle mojada ,
¡vaya!, al salir me doy de bruces
con el vecino antipático.
Hay días


6 de enero

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Madrugadas con olor de anís,
ojos abiertos de par en par
en caras de asombro,
un tren sin vagones,
un caballo de trapo,
una pistola sin balas,
mi primer reloj de pulsera,
la felicidad en el salón.
Luego pasó,
pasó el tiempo,
pero al menos
nos quedó
la sonrisa.


Crónica de un año


Esta es la vida que cabe en un año. 

Fragmentos encadenados, fotogramas de una película de la que somos protagonistas.

Todo empezó con el frío de un invierno en el que llovía muy despacio, siempre había neblina en mi mirada y me perseguía una extraña sensación de naufragio.

Caí en el pozo profundo de Okada desde donde no se veía la claridad y por aquel entonces no sabía qué hacer conmigo.

Pedí que me sacaran del pozo y me cerraron la tapa.

O las tinieblas me destruían o me hacía amigo de las sombras.

Arañé la oscuridad con mis manos hasta que vi un trozo de cielo.

Y vi amanecer, y un pájaro en vuelo, y un río y un bosque.

Saludé a enero que me esperaba para vivir y olvidar.

Unas manos pequeñas fueron mis piernas y una brujita me alumbró el camino.

Después llegaron otras manos cálidas que me dijeron quien era.

Me descubrí en primavera regalando rosas rojas del jardín.

Las palabras me rescataron de la nada y escribí otras historias que no eran la mía.

La luna llena iluminó las noches de mi refugio de agosto.

Ya no camino solo, cada vez más sueños siguen mis pasos.

Veo la vida todos los días en mi ventana, la vida que nunca murió.

He dejado de mirar hacia atrás, y he aprendido a mirar hacia dentro.

Le debo una sonrisa a mucha gente, espero que nunca sea tarde.

No ha sido fácil llegar hasta aquí, ahora me siento fuerte y la tristeza ya me mira de otra forma.

Me he construido una vida secreta y, a veces soy un poco loco, pero de esas locuras que no merece la pena curar.

Sigo buscando el camino de baldosas amarillas, nunca las encontraré para seguir viviendo, quizá ése sea el secreto.

Apuesto por lo imposible porque lo posible no nos ha dado resultado.

Nunca es tarde para nada, además el frío de este invierno es más cálido.

CRÓNICA DE UN AÑO
Esta es la vida que cabe en un año. 
Fragmentos  encadenados, fotogramas de  una película de la que somos protagonistas.
Todo empezó con el frío de un invierno  en el que llovía muy despacio, siempre había neblina en mi mirada  y me perseguía una extraña sensación de naufragio.
Caí  en el pozo profundo de Okada  desde  donde no se veía la claridad y por aquel entonces  no sabía qué hacer conmigo.
Pedí que me sacaran del pozo y me cerraron la tapa.
O las tinieblas me destruían o me hacía amigo de las sombras.
Arañé la oscuridad con mis manos hasta que vi un trozo de cielo.
Y  vi amanecer, y un pájaro en vuelo, y un río y un bosque.
Saludé a enero que me esperaba para vivir y olvidar.
Unas manos pequeñas  fueron mis piernas y una brujita me alumbró el camino.
Después llegaron otras manos cálidas que me dijeron quien era.
Me descubrí  en primavera  regalando rosas rojas del jardín.
Las palabras me rescataron de la nada y escribí otras historias que no eran la mía.
La luna llena iluminó  las noches de mi refugio de agosto.
Ya no camino solo,  cada vez más sueños siguen mis pasos.
Veo la vida todos los días en mi ventana,  la vida que nunca murió.
He dejado de mirar hacia atrás, y he aprendido  a mirar hacia dentro.
Le debo una sonrisa a mucha gente, espero que nunca sea tarde.
No ha sido  fácil llegar hasta aquí,  ahora me siento fuerte y la tristeza  ya  me mira de otra forma.
Me he construido una vida secreta  y, a veces soy un poco loco, pero de esas locuras  que no merece la pena curar.
Sigo buscando el camino de baldosas amarillas, nunca las encontraré para seguir viviendo, quizá ése sea el secreto.
Apuesto por lo imposible porque lo posible no nos ha dado resultado.
Nunca es tarde para nada, además el frío de este invierno es más cálido.