El albornoz

10858471_846464678750763_8306639415126336822_nEsta semana me siento agobiado, el excesivo trabajo en la oficina, un par de cursos online que llevo atrasados y otros asuntos de urgente solución me están causando cierta ansiedad, por lo que esta tarde de viernes decido quedarme en casa trabajando, con la esperanza de que nadie me moleste.
Acabo de sentarme frente al ordenador cuando suena el timbre de la puerta. Por la mirilla compruebo que es Lucía. Lucía es una amiga inteligente, guapa y muy deportista a la que había conocido en un grupo literario al que pertenezco desde mi divorcio, y a la que prometí prestar un libro en la última reunión.
– hoy he decidido hacer deporte, así que estaba corriendo por esta zona y me acordé de tu libro- Lucía tenía la cara sudorosa y el pelo alborotado – 
– perfecto- le contesto 
Busco el libro prometido ,Caín de Saramago, con la intención de acabar pronto con Lucía y proseguir con mi trabajo.
– Qué calor tengo, puedo darme una ducha mientras me buscas el libro – me quedo mirándola contrariado pero me tranquilizo al recordar que hace un mes que he limpiado a fondo el cuarto de baño , las toallas las cambié la semana pasada y he lavado mi albornoz– menos mal pensé.
La invito al baño y continuo mi búsqueda literaria con la confianza de que pronto podré volver a concentrarme en mi trabajo.
Encuentro el libro en la desordenada biblioteca del salón y me dirijo a mi cuarto para proseguir tecleando el ordenador, desde allí escucho el chapoteo del agua y me imagino a Lucía desnuda en la ducha.
Pero pronto vuelvo a concentrarme en la pantalla azul que tengo delante, hasta tal punto que no oigo a Lucía acercarse por detrás, me besa el cuello y busca mis manos para acariciarlas.
– Lo siento , me pillas en frío, y tengo mucho trabajo- balbuceo
Lucía sonríe maliciosamente dejando caer mi albornoz.


PORQUE NOS OBLIGAN

Porque nos obligan a nacer sin preguntarnos si acaso nos interesa vivir. 

Porque nos obligan después a crecer sin pensar en nuestra posible vocación de Peter Pan. 

Nos enseñan el lenguaje ,cuando quizá no queremos decir una palabra.

Nos obligan a aprender, como si ser sabio fuese algo inteligente.

Con el paso del tiempo nos obligan a amar, a sabiendas que detrás del amor sólo hay sufrimiento, y por tanto nos enseñan a sufrir para que nuestro corazón se endurezca o se convierta en escombros.

Y hay quien se inventa hasta una guerra, cuando yo no quiero matar a nadie.

Quizá te obliguen a no ser como tú, a confundirte, a odiar y otra vez a sufrir, porque el odio es como el amor, pero al revés.

Y nunca dejan de obligar, a esto , a lo otro, a no llorar para que seamos hombres de provecho, a llorar para que seáis mujeres sensibles , a no reírnos sin motivos, a hablar cuando queremos estar callados, a callar cuando queremos hablar, a no entrar cuando debemos salir, a rezar cuando preguntas porqué, a cantar en voz alta, a cantar en voz baja , a pasar por aquí , a no pasar por allí.

Y un día cualquiera te mueres, sencillamente porque te obligaron a VIVIRDSC_0036


lágrimas

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La luna helada del invierno
se colaba por la ventana
entreabierta,
su cuerpo desnudo
temblaba
como la luz de una vela,
sin pensar en nada
toqué con mis ojos
su ojos, su cuello
su pecho,
cada rincón de su alma.
Sus lágrimas caían
bañadas por la luna,
como la sangre de una herida,
y rodaban como cristales
por el suelo.
Entonces llegó la noche,
una noche extraña,
como de un mundo lejano.