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El tiempo me ha pasado por encima
con sus miles de días
y sus miles de noches,
como un huracán
devorando nombres
y recuerdos,
he sobrevivido
a naufragios
y sucumbido
a tantos amaneceres,
he derramado amores
por el borde de la vida
y acariciado manos
que ya no existen.
Tanto tiempo me ha pasado,
que no acierto a ver nada
si miro detrás,
no veo la lluvia
en la primera mañana,
ni recuerdo
la primera noche,
! cincuenta y cuatro
inviernos han entrado
por mi ventana!
les debo al menos
una sonrisa.10339256_837039619693269_6904997584708993803_o


EL CUENTO MÁS BONITO DEL MUNDO

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Era un cuento que no tenía ni principio ni final, había nacido huérfano de personajes y no recordaba su historia, era un cuento pobre, pequeño, insignificante, nadie lo escuchaba porque no tenía nada que decir.
Vagaba errante por los estantes vacíos de una biblioteca que permanecía cerrada desde hacía mucho tiempo.
No sabía quién lo había escrito, quizá algún triste autor que avergonzado de él lo abandonó en la esquina de cualquier estantería. Recordaba haber vivido algunos meses en el escaparate de una librería de la ciudad con la esperanza de que alguien lo adoptara y lo acogiera en su casa, pero el librero lo desahució de su local cuando necesitó espacio para recolocar a otros cuentos.
Durante un tiempo estuvo errando de unas manos a otras que apenas lo rozaban, de unos ojos a otros que apenas lo miraban, acabó en un contenedor de residuos donde pasó frío y calor, sus hojas se lastimaron con el viento y la lluvia diluyó alguno de sus colores.
La afición a la lectura de un operario de la limpieza lo salvó en el último momento de morir triturado en el camión de la basura, aunque quedó aturdido por los golpes recibidos.
Me lo encontré muy triste en la solitaria biblioteca, me confesó que no recordaba cómo había llegado hasta aquel lugar, que los otros cuentos lo habían abandonado porque no querían mezclarse con un cuento absurdo que no contaba nada, que luego clausuraron la biblioteca y se olvidaron de él, lo abrí para leerlo, pero no había palabras en su interior, sólo silencio, sentí rabia y odio por el escritor que había creado un cuento así.
Me senté junto a él en una mesa polvorienta y le conté la historia más bonita del mundo, con muchos personajes, con un principio y un final feliz, entonces el cuento triste comenzó a sonreír y me pidió que lo llevara a la otra biblioteca con los demás cuentos.
Hace unos días fui a visitarlo, me comentaron que era un libro muy querido y que circulaba feliz de casa en casa, que apenas se dejaba ver por allí.
Al salir de la biblioteca, escuché a un joven en el mostrador de préstamos preguntar por el cuento más bonito del mundo y no pude contener una sonrisa que permaneció en mi rostro durante un largo tiempo.


La vida no es fácil

Su cara era
el espejo de un alma
hecha añicos
a golpes de soledad,
sus ojos tenían
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de un océano infinito,
sus manos, pequeñas,
suplicaban las mías
aquella tarde oscura,
las cosas no son fáciles
para nadie, le dije.
Algunas noches
de lluvia y cervezas
me ayudaron
a olvidarla,
aunque a veces,
el tiempo me devuelve
en un suave recuerdo
su cara, sus ojos
y sus manos.