LA ASAMBLEA DE LOS SUEÑOS

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  En los suburbios de la gran ciudad, el silencio de la noche lo altera  la crepitación  de una hoguera a cuyo alrededor merodean oscuras siluetas  que el resplandor del fuego convierte en sombras trémulas e irreales.  Son las cuatro de la mañana y están convocados   en el  taller derruido y abandonado de siempre para que  nadie los sorprenda  en   aquella reunión oculta.

   Han salido de sus lúgubres guaridas y se mueven como espectros  en la oscuridad  ocupando  bancos de madera y sillas oxidadas que han transportado hasta el destartalado taller.

  Van a celebrar lo que ellos llaman la asamblea de los sueños, allí se reúnen  tarados sin esperanza, tullidos de tristeza, enanos sin amor, enfermos de pena, gordos de soledad,  locos sin remedio,  ladrones honrados, niños sin hogar , mujeres vencidas, proscritos sin patria, vagabundos sin noche , todos excluidos, deshechos del otro mundo formal y civilizado.

  Cada uno con su sueño a cuestas, con la esperanza lejana de unas manos que aprieten sus manos,  de un amor que los ame todavía, de una voz que los nombre, de una poesía  que pinte sus días tristes y vacíos, de una  caricia que los abrace, de la suavidad de un beso, de un sol diario que los caliente.

   Sólo varias horas en la noche le basta  para creerse diferentes, compartiendo su soledad, su pena, su tristeza, su desesperanza, de pronto aplausos y risas en la oscuridad cuando alguien  grita  que son los otros los  diferentes.

   Cuando los primeros rayos de sol traspasan las ventanas sin cristales del viejo taller, huyen despavoridos, ya  oyen a lo lejos el mundo que se despierta, saben que sus sueños se quedan allí entre la maleza y las flores marchitas que invaden aquel lugar, saben que sus ojos chocarán con otros ojos que mirarán a otro lado.

    Ha amanecido del todo, el taller medio derruido   queda otra vez en  silencio, alguna rata merodea por la suciedad, a lo lejos el rumor cotidiano de una humanidad imperturbable y despiadada.

                                                    Pedro Pablo


LLueve en Jaén

Cae la lluvia,
Jaén se convierte
en un cristal
resplandeciente,8 chica lluvia
el tráfico se enreda
en la ciudad,
los semáforos
parpadean sin cesar
rojo, amarillo y verde,
la gente huye
perdiéndose en las rebajas,
el mundo avanza
hacia la noche
inminente,
septiembre
va muriendo
triste y solo


Olvido

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No me importa
la otra vida,
el viento
se llevó el polvo
que quedaba,
el verano
se fue
y el mundo
sigue su camino,
algunas hojas
muertas en el suelo
me recuerdan,
no sé porqué,
que ya estás
en el olvido


Este lunes

DSCN1558Seguramente
ha amanecido,
es el momento
del primer cigarrillo
si fumara,
en su lugar
abro un libro de la mesita
y me sumergo
en atmósferas mezquinas,
y muertes repentinas,
cierro el libro
y vuelvo a este lunes
que se desespereza
en el horizonte,
me tomo un café
en el bar de la esquina
mientras espero
que algo suceda.


LA MUJER SIN NOMBRE DOMADORA DE OLAS

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Hacía cuarenta días con sus cuarenta noches que llovía sin parar y el mar estaba enfurecido, los hombre y mujeres del pueblo pensaron al principio que aquella bravura de las aguas no iba a perdurar, y que ,como en otras ocasiones, el mar se calmaría y volvería a tener la apariencia de un cristal azul.

   Pero después de  cuarenta días  comenzaron a pensar que aquella lluvia aburrida  era  como una  maldición y  tuvieron  la certeza de que hasta que no cesara de llover  el mar seguiría embravecido.

  Siguió lloviendo como si nunca fuera a escampar, el pueblo estaba triste, la lluvia penetraba hondo en los sentidos de la gente,  las casas permanecían cerradas para evitar  la entrada del agua y del viento helado del invierno,  algunas casas mal construidas terminaron inundándose y sus dueños se repartieron entre los vecinos del pueblo para no dormir a la intemperie.

   Los hombres no se atrevían a salir a trabajar en el mar por lo que la subsistencia del pueblo quedó reducida  a las plantas, hortalizas y frutos  de pequeñas  huertas, que  las mujeres se afanaban en salvar de la lluvia.

   Pero a los cien días de llover sin parar  los huertos habían desaparecido como fantasmas bajo el agua, la Iglesia del pueblo se había inundado y algunas casas se derrumbaron  ablandadas por la humedad.

    La gente trastornada por la lluvia y por la tristeza de los días perdió la noción del tiempo, algunas semanas no había lunes, y otras era el domingo o cualquier otro día el que desaparecía de su memoria.

     Una mañana los hombres del pueblo se presentaron con el agua hasta la cintura  ante la casa del alcalde, le exigieron  como máxima autoridad que hiciera algo antes del que el pueblo desapareciera engullido por la lluvia y el mar.  El alcalde se asomó al balcón consistorial con un impermeable oscuro y con una voz triste y húmeda  les dijo que no podía hacer nada, salvo rezar y esperar a que el cielo hiciera el milagro. Uno de los vecinos le apuntó  con su escopeta de caza – entonces te pegaré un tiro – le gritó.

     No fue necesario disparar, el alcalde les reveló  la existencia de una especie de bruja en el pueblo detrás de las montañas que decían que con hechizos extraños   había calmado el mar y apaciguado la lluvia, no conocían su nombre pero le apodaban la domadora del mar. Se lo contó su camarada el alcalde   de aquel pueblo antes de que se interrumpieran las comunicaciones,   – pero yo no creo en brujerías ni fantasías – concluyó.

       Al día siguiente los vecinos enviaron al  alcalde  hacia las montañas en el caballo más alto que encontraron al que el agua  le cubría los tobillos,  en busca de la bruja que decían que domaba las olas. A pesar de su incredulidad y su inicial resistencia aquel hombre sabía que era la única esperanza para salvar a su pueblo de la desaparición.

       Hacía cuatro semanas de la marcha del alcalde , la lluvia arreciaba y la furia del mar  invadía las casas, el cementerio del  pueblo se había deshecho  bajo las aguas y los muertos flotaban por las calles como figuritas de barro impregnándolo todo de un olor insoportable a descomposición.

      Una mañana aparecieron por encima de la lluvia el alcalde y una mujer, llegaron  en una barquichuela que los habitantes  de las montañas les habían construido. Los hombres del pueblo salieron a recibirlos y cuando contemplaron de cerca a la acompañante del alcalde  quedaron sin aliento ante su belleza y comprendieron al instante que si había alguien en el mundo que pudiera salvarlos ,era aquella mujer  vestida con una túnica blanca y que brillaba entre la neblina de la lluvia.

      Las mujeres también se estremecieron ante la hermosura de la visitante y tanta expectación se había creado en el pueblo con su llegada que nadie advirtió que había parado de llover, en pocos minutos sintieron    una tranquilidad misteriosa y un silencio profundo a su alrededor, sólo entonces se dieron cuenta que   no se oía el rugido del  mar.

      En pocas horas las aguas desaparecieron del pueblo y el mar  regresó a la calma de hacía más de cien días.

      La mujer sin nombre  domadora de olas , la mujer con una belleza que no cabía en la imaginación , sonreía desde la barca con la mirada en el cielo y los brazos extendidos hacia el   mar.

Pedro Pablo


EL REFUGIO (Verano 2014)

Allá quedan 
restos de palabras, 
trozos de luna 
en la ventana,
voces, risasIMG_9306
y alguna que otra
sombra en la escalera,
queda el viento
al amanecer
deshaciendo
camas desiertas,
queda un hombre solo,
queda el verano
escondido
en algún rincón
de la casa.

Pedro Pablo


EL VECINO LOCO

A este hombre del que os hablo, se le veía muy temprano por el barrio, caminaba con trotes pequeños y le gustaba esconderse en las esquinas.

  Cuando creía que nadie lo veía, ¿sabéis lo qué hacía? besaba  todo lo que encontraba a su paso, los bancos  de mármol,  la pequeña fuente , los portales, las rosas del jardín, los perros , los gatos, se acercaba hasta las ventanas y las mordía dulcemente.

  Un día besó a una vecina, aquello ya fue el colmo, ¿no creéis?,  los demás vecinos se reunieron, votaron y lo encerraron, donde nadie lo viera, donde no hiciera daño.

  Y cuentan que en su celda  besa sus zapatos, las paredes de barro, los barrotes de la puerta y a algún que otro vigilante despistado.

  Un día el barrio estaba triste, los  perros  se dormían llorando y las flores habían perdido su  color, alguien me comentó con indiferencia que había muerto  en su encierro aquel  vecino extraño.

   De esto que os relato ha pasado ya mucho tiempo, pero todavía cuando paseo por mi calle,  creo ver por sus  rincones  al loco del barrio.

(Versión libre de la canción El Hombre extraño de Silvio Rodríguez)hqdefault


EL RÍO

Subo el río
abrazado a la espuma,
a su paz cristalina,10612641_794179750645923_2143694440104800697_n
a las piedras heridas
de recuerdos marinos.
Subo el río
de corrientes eternas
que nunca regresan,
de voces de agua
salpicando besos sin labios,
de sueños perdidos
en oquedades oscuras,
de remansos de tristeza.
Subo el río
más de un paso
siento que va conmigo,
subo el río
y es la vida la que me espera
allá arriba.

Pedro Pablo


ESTE JUEVES, EL MAR , LA MAR

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LA MUJER QUE NO CONOCÍA EL MAR

 Laura nunca había visto el mar, me lo confesó ruborizada  una tarde lluviosa de julio, delante de unos cafés en la Central. Hacía unos meses que la conocí en la biblioteca provincial, le gustaba la poesía y buscaba algunos libros de poetas un tanto revolucionarios y subversivos, alejados del clasicismo tradicional. No pude resistir  la expresión azul de sus ojos explicando sus intereses literarios a la bibliotecaria y como un vulgar entrometido le hablé de  Roger Wolfe  y Karmelo Iribarren, me aceptó que le prestara un libro de ambos y también que la invitara a nuestro primer café. Aquella tarde hablamos mucho tiempo y entre poetas, escritores, cantautores y alguna que otra risa, me contó que acababa de llegar a la ciudad desde un pueblecito de la sierra del que  no había podido escapar , por haber dedicado sus últimos cinco años al cuidado de sus padres enfermos. El regreso al pueblo de su único hermano después de un periplo por el extranjero, le relevó en sus funciones de enfermera , le permitió trasladarse a la ciudad y comenzó sus estudios de informática en la universidad.

   Después de muchas tardes de café ,  algunas noches de cine y poesía y algo más mundano, comenzó a dominarme un sentimiento antiguo, que creía muerto y enterrado en el fondo del olvido.

   La invité a ver la mar, ella la llamaba así, la misma tarde lluviosa de julio en la que me reveló su secreto. Planeé con precisión ese viaje con Laura, era la posibilidad de un encuentro perfecto después de años de desilusión, tristezas y soledad.

   Cuando llegamos a aquel pueblo de la costa  Laura saltó del coche y corrió como una posesa hacia el infinito azul, contempló el mar abstraída,  primero con una sonrisa , después con una mirada triste, pasó toda la tarde percibiendo la inmensidad, embriagándose del  olor de la brisa, descubriendo  en silencio  el hundimiento del sol  en el horizonte inundando las aguas de bellos reflejos multicolores.

   Su expresión ante el mar era inexplicable, el color de sus ojos se confundían con otros colores que se deslizaban por la arena y por primera vez escuchó la cadencia de las olas muriendo bajo sus pies desnudos.

  Sentí celos del mar y supe que yo no existía en la belleza de aquella tarde y que no podía hacer nada para evitarlo.

    Esa noche de insomnio, torturado por un rumor desconocido y lejano del agua, caminé sin rumbo por los mares helados de la memoria, creí soñar con enormes serpientes marinas y desperté henchido de odio y de ira hacia ese mar dibujado en la ventana.

     Laura no estaba en la cama, no había estado en toda la noche,la certeza de que nunca  la vería me provocó una extraña tristeza de ánimo.

    Pedro Pablo

Más relatos EL MAR , LA MAR en el blog de Alberto:http://caminodelcuento.blogspot.com.es/2014/08/convocatoria-                                                                                                            juevera.html


LA VECINA DEL TERCERO (Historia de un sujetador)

   Casi nunca utilizo el ascensor, vivo en el piso más alto de un edificio de cuatro plantas, pero prefiero subir las escaleras para hacer algo de ejercicio, ya que no practico ningún deporte lo que unido a mi trabajo de funcionario hace que lleve una vida muy sedentaria.

  Pero hoy cuando salgo del trabajo el coche no me arranca, así que vuelvo a casa andando, cuando llego al portal estoy cansado y decido subir en el ascensor.

  Presiono el botón marcado con un cuatro , echo un vistazo al visor interior que indica alerta roja en Jaén por elCogido por la intura-1 calor en tanto que una suave voz femenina recomienda a las personas mayores beber mucha agua y no salir a la calle en determinadas horas del día para evitar los golpes de calor, pienso si ya soy una persona mayor.

A la altura de la segunda planta, reparo que estoy pisando algo frágil con mis botines Panama Jack, es una prenda arrugada que yace en el suelo de goma del ascensor, ya en el cuarto piso observo que se trata del sujetador de una mujer.

Entro mi casa , no sé qué hacer con esa prenda femenina que instintivamente he cogido en el ascensor , la examino con curiosidad y advierto por su tamaño , marca una talla 105 F, que debe corresponder a una mujer exuberante, lo que me produce una incomprensible excitación ya que nunca me han gustado las mujeres con el pecho demasiado grande.

La situación me produce un extraño morbo, se me ocurre entonces una estupidez, una pequeña locura pero que llevo a cabo sin pensarlo dos veces, coloco en la pared del portal un trozo de papel tamaño cuartilla que dice: “Encontrado un sujetador de mujer en el ascensor, interesada soy el vecino del cuarto D.”

Desde la cama vigilo el enigmático sujetador en la mesita de noche, me gusta más llamarlo sostén, antes de dormir intento adivinar a qué vecina puede corresponder, obviamente no es de de la vieja cascarrabias del primero, tampoco de la rubia del segundo A, le estaría muy holgado, entonces me detengo en la puerta del tercero B, claro puede ser de Ana , viuda recientemente, más de una vez me he fijado inconscientemente en sus grandes pechos.

Mi imaginación vuela veloz por la habitación y sueño o pienso , no sé si aún me he dormido, que Ana aparece en mi casa en busca de su sostén, lleva una estrecha camiseta blanca bajo la que se adivinan sus pechos a punto de estallar – hola vecino – su sonrisa es maliciosa, – vengo por lo del anuncio del portal – , yo no puedo apartar mis ojos de su trémulo torso, de pronto hago una broma con resultados sorprendentes – ¿ y cómo puedo saber qué ese sostén es tuyo? – invítame a una copa de vino y te lo demostraré- me dice.

Voy raudo a la cocina , abro una botella de un rioja sobrante de alguna cena familiar, y vuelvo al salón con dos copas, Ana entretanto se ha quitado la camiseta , sus pechos desnudos provocan que una de las copas me estalle en las manos, sin que se produzcan heridos afortunadamente.

Nervioso sirvo a Ana la copa de vino, se la lleva a sus labios, ahora veo que son rojos y carnosos , bebe dejando que por la comisura de su boca se escape un hilillo rojo que resbala y desciende por su cuello , circunvala uno de sus senos y se difumina en un lugar inhóspito de su cuerpo.

–  ¿Me vas a dar mi prenda íntima o dudas aún de que sea su dueña.?

Turbado me levanto y me dirijo a por el sujetador a mi dormitorio, Ana ya completamente desnuda me sigue.

Suena el reloj despertador, alargo mi brazo lo detengo pero sigue sonando, al cabo de unos segundos descubro que el sonido metálico procede de otro lugar de la casa, unos segundos después advierto que están llamando a la puerta.

Pregunto antes de abrir , una voz suave y melosa me responde detrás de la puerta:

– Soy Ana , tu vecina del tercero , vengo por lo del anuncio del portal.                                     Pedro Pablo