ESTE JUEVES UN RELATO – ESCENAS DE PLAYA

imagesLA CAJA DE CARTÓN

Estoy  sentado  en una playa rodeado de gaviotas que picotean la caja de cartón que acabo de encontrar, escucho  el rugido del agua deshaciéndose en la orilla y contemplo  la tarde hundiéndose en la inmensidad de un  mar desconocido.  Es la última secuencia de la película, hubiera deseado otro final de la historia, pero no me queda  más  que una  playa desierta, un mar extraño y una caja de cartón.

Una mujer  que se aproxima por la izquierda  rompe la monotonía  de la escena, camina  sin que sus pies descalzos rocen la arena como una Nereida  que acabara de emerger de las profundidades del mar. Lleva una falda  corta de color rosa y los pechos pequeños desnudos.

Cuando llega a mi altura gira su rostro  y sus ojos, de un color indeterminado,  me dibujan una sonrisa  a la que respondo  con una estúpida mueca.

Pareces cansado–  el rumor del mar ahoga sus débiles palabras, acerco mi mano al oído con gesto contrariado   – que pareces cansado – , – sí, un poco–  ,  –¿qué llevas en esa caja?  –  no lo sé, no es mía, la acabo de encontrar, eres muy bella

La mujer  ruborizada vuelve a sonreír.

Se sienta en la orilla  a mi lado  mirando el mar, su pelo rubio de seda se ondula con el viento  y las olas mueren lentamente a sus pies. Ahora comienzan a salir los créditos de la película

jueves

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Lisboa

Cuando se alce el muro invisible
te buscaré Lisboa,
me perderé por las calles de Alfama
entre la gente que habita los tranvías,
caminaré entre las sombras de Chiado,
te miraré en las aguas del Tejo,
en el anochecer de Belém,
sentiré tu olor en la multitud del Roxío,
en el suave atardecer de la Baixa,10411428_747591431971422_579486510018433561_n
subiré a Santa Justa, hasta Barrio Alto
como otro día de invierno,
cautivo de tu antigua belleza.

Te miraré vieja Lisboa
solo y perdido.

 

Pedro Pablo García


Mujer inexistente

descargaEra una mujer extraña,
casi invisible bajo la lluvia,
la veía todos los días,
por la misma calle,
a la misma hora,
nunca le dije nada,
sólo nos miramos,
su cara era de colores
su pelo largo como el viento,
era guapa,
de una belleza antigua.
Un día,
por la misma calle,
a la misma hora,
dejé de verla,
nunca la volví a ver.
Ha pasado el tiempo,
aún recuerdo
el caminar lento
bajo la lluvia
de aquella mujer
inexistente

Pedro Pablo García


Necesito un abrazo

Necesito un abrazo
de alguien que no sepa mi nombre,10156008_724693064261259_2211478629700957711_n
de unas  manos que no me conozcan,
un abrazo que no esté en venta,
que no se pueda robar,
libre, en silencio, a gritos,
a traición, lejano, olvidado,
con garras y dientes,
con uñas y carne,
un abrazo solo,
un abrazo
que me haga menos viejo,
esta noche,
más que dormir,
lo que me urge
es abrazar.

Pedro Pablo García




Al otro lado de la verja (hoy toca un poco de terror)

EL-GATO-NEGRO4

La vieja Úrsula vive en un caserón de las afueras del pueblo, es una anciana menuda, delgada, que siempre está hablando consigo misma y con las plantas de su jardín, viste de negro y tiene una mirada tenebrosa que asusta a los niños que pasan por allí camino del colegio, que se encuentra al final de la calle.

Yo soy su gato, un enorme gato negro de raza silvestre,  me gusta deslizarme en silencio como una sombra por las habitaciones y echarme hecho un ovillo junto a la verja de la entrada.

Aquella mañana oí un ruido extraño al otro lado de la valla que rodea a la casa, alguien gritó  – vieja bruja -me incorporé lentamente, cuando una piedra  chocó contra mis costillas, maullé de dolor y escuché unos pasos que corrían calle abajo, la campana del colegio ahogó momentáneamente mis maullidos , en un momento  el joven que lanzó el proyectil se giró y pude clavar mis ojos felinos en su mirada. Desde una ventana de la casa la vieja Úrsula gritó – desvergonzado mocoso, haré que te corten la lengua –

Lo esperé a la salida de la escuela, luego lo  seguí en  silencio de calle en calle, el joven advirtió mi presencia y apresuró el  paso, comenzó a correr, en una esquina me lanzó una piedra que esquivé con un salto de costado, cada vez corría más,   pero
no me podía despistar, yo siempre estaba allí , detrás de él, como una mancha oscura,  sudoroso y aterrado por fin llegó a su casa que cerró de un portazo. Me senté en la puerta y todo quedó en silencio, luego vi que alguien se movía por una de las ventanas más altas de la casa. Fue fácil  gatear por el canalón.

El joven estaba acostado, al principio  me confundió con una sombra, luego se dio cuenta de que las sombras no tienen zarpas que arañen el suelo al avanzar, no saltan de repente para quedarse colgadas de los barrotes de la cama, no miran con ojos infernales… entonces abrió la boca para gritar y  volé por la habitación en dirección a su rostro , mi cabeza se introdujo en su boca completamente abierta por el espanto.

La madre escuchó el ruido y subió a la habitación, el joven permanecía con la boca abierta de la que  salía  sólo un sonido gutural, pero ninguna palabra, nunca más surgirían palabras de ella.

Agazapado en la ventana, pude escuchar a la madre decir: – ¿qué te pasa, se te ha comido la lengua el gato?


A Lolo

LLegaste la noche de un mes de marzo, una palma de la mano era suficiente para abrigar tu cuerpo , una trémula bolita de peluche que miraba asustada desde unos ojos de un azul oscuro que a duras penas sostenías abiertos.
Llorabas de frío, o de hambre, o de soledad, no podíamos saberlo y te protegimos contra el miedo de tu fragilidad y con la ternura que infundía tu mirada.
En tus primeros días merodeabas errante por la casa, inseguro, cayendo y volviendo a caer en cada paso y fuiste descubriendo tus rincones favoritos.
Pasó el invierno cargado de viento y de lluvia, y en primavera ya brincabas por el parque, siempre con Luna, tu perrita, tu fiel compañera.
Te enseñamos pacientes a tener buenos modales, a ser un perrito de provecho, a veces no nos entiendes, es difícil entender a las personas, y entonces sacas la fierecilla que llevas dentro y muerdes con saña a tu alrededor, pero yo sé que luego te arrepientes y pides llorando perdón.
Creciste deprisa, entre la hierba y las flores del jardín, tu silueta fuerte y revoltosa se dibuja en los adoquines del barrio, ya todos te conocen, te nombran y aprovechas tu fama para obtener alguna caricia , luego corres contra el viento, te frotas sobre la hierba mojada , siempre olisqueando algo en el aire y buscas a Noa, Nico,Pelusilla, Peque Nano … tus amigos del barrio.
Me miras con tu linda cara de asombro infinito, sé que me quieres decir algo, pero no te entiendo, las personas no entendemos con facilidad, y entonces hablas y hablas , como tú sabes hacerlo, en un vano intento de que alguna vez te oiga; con tu colita , a veces un torbellino, a veces quieta, anuncias tus alegrías y tristezas.
Me gusta rascarte en el cuello, y entonces te estiras y alargas tus fuertes patas hacia mí, como si quisieras abrazarme, siempre con esa mirada de diablillo.
En esta tarde , mientras te escribo, dormitas junto a mí, veo tus ojos cerrados dibujados en tu cara de perro pequeño y tengo la certeza de que estarás ahí para siempre.1097978_512167428863780_924256487_n


Noche

Hoy he vuelto a soñar,sabado noche
he visto los ojos,
otra vez la sonrisa,
el silencio me ha contado
historias de soledad,
te acaricié,
te besé toda la noche,
sin odio, sin rencor,
solos tu y yo
en la oscuridad,
cerré las ventanas de mi alma
para no ver amanecer,
atrapé el tiempo con mis manos
y tu mirada se hizo infinita
en la inmensidad de la noche,
éramos dos enfermos de amor
incurables,
tu boca caliente,
tus pechos desnudos
vagaban errantes
por la habitación,
cuando ya no pude más
engañar al amanecer,
desperté,
ya no estabas,
otra vez eras un fantasma,
pero tu olor seguía
enredado en las sábanas revueltas
de la cama


Mariposas – relato publicado en el Diario Jaén con motivo de la publicación del disco “Mariposas” en el año 2000

images (3) Descubrí a Silvio Rodriguez una tarde de invierno de hace muchos años,  los acordes de “Ojalá” me invadieron acompañados del murmullo de la lluvia. Acababa de conocer la canción de amor más terrible que jamás había escuchado, y desde aquel preciso momento  Silvio ya me había conquistado con su poesía y su guitarra.

 Después llegaron más canciones y más tardes de lluvia, e incluso recuerdo una noche de viento buscando sin éxito al unicornio  azul, por las callejas estrechas y oscuras del viejo Jaén.

  Su guitarra se convirtió en mi acompañante en las tardes grises de la adolescencia y juventud , y en ella me refugiaba contra los esporádicos ataques de melancolía.

  Sus canciones, poesías musicadas siempre sobre el hombre – “hombre sin apellido, un poco de piedad te pido” – sobre la vida cotidiana y a veces terrible – “sólo quiero decir que es tremendo estar vivo” – sobre el paso imperturbable del tiempo – “no hay nada aquí, sólo unos días que se aprestan a pasar, un diminuto instante inmenso en el vivir, después mirar la realidad y nada más” – , sobre la mujer – “me han estremecido un montón de mujeres, mujeres de fuego ,mujeres de nieve” – , sobre el amor – “ojalá que la luna pueda salir sin tí ” – .

   La lucha constante contra  el poderoso – “me acosa el carapálida” – contra la injusticia del hombre sobre el hombre – “si hay días que vuelvo cansado, es que regreso del mundo no del bosque no del sol” –

   Su compromiso con los más débiles y con la vida está salpicado de evocaciones inquietantes – “lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida… por fin bajo hacia la guerra , perdón quise decir a la Tierra” –

    Esta primavera me revolotean mariposas – “mariposas, mariposas que ayer sólo fueron humo” – que no me dejarán en paz durante algún tiempo con su vuelo delgado y nervioso.

    ” Los hombres sin historia son la historia, grano a grano se forman largas playas y luego viene el viento y las revuelve, borrando las pisadas y los nombres “